Introducción

Basado en un juego que comenzó por un intercambio de SMS, que parafraseaban auténticos SOS, Los Aparatos es una instalación de múltiples piezas, que construye metáforas de soluciones para sufrimientos que forman parte de nuestra vida cotidiana.

A través de la tecnología, del humor y de recursos químicos, físicos, literarios, filosóficos, psicológicos, mecánicos, eléctricos; modernos y antiguos, juegan con el psicoanálisis, la psiquiatría, la fé, la patafísica; casi reinventos surrealistas en tiempos digitales y de la net. Se trata de una obra que se presta a interactuar con quien se deje “intervenir”, con quien pueda jugar y experimentar.
Los Aparatos son: “Extractor de las angustias de cuando se va el sol”, “Humidificador en aceite de amistades oxidadas”, “Resignificador de años perdidos”, “Transcodificador de estados de ánimo no definidos”, “Extractor de pensamientos enquistados”, “Triturador de sentimientos de culpa”, “Envoltorio, cubre cuerpo para Tiempos Difíciles”, “Desomblificador / omblificador”, “desintelectualizador” y “Acelerador de tramitaciones psíquicas”.
Estos inventos, sorprendentes, extraños, lúdicos, mixturan de modo ecléctico y absurdo materiales y resoluciones modernas. Inventan una nomenclatura imposible para modos de sensibilidad, por fuera de toda categoría psicopatológica, y utilizan el absurdo para producir un efecto metafórico. Inventan conexiones nuevas e inexploradas entre el cuerpo, la mente, los recuerdos, el tiempo, el olvido, etc. que, sin duda, son tan imprescindibles como imaginarias.
Los Aparatos realizan y, a la vez, burlan nuestra insaciable búsqueda de lo inmediato, de las respuestas rápidas y proponen otra temporalidad y espacialidad. ¿Cuánto lleva sacarse esos pensamientos que parecen no tener fin? ¿Dónde se coloca un fluido para facilitar el lazo social? ¿Cómo volcamos la culpa hacia un material que nos haga más ligeros? “Hacer un click” que tuerza nuestras repeticiones, “apretar el botón” que nos salve de nuestras oscuridades, “ponerse unas anteojeras” que nos impidan distraernos en objetivos vanos, querer dormirse y despertarse “cuando pase todo”, o el querer una “máquina del tiempo” que nos permita modificar el presente, etc. son expresiones de nuestro lenguaje -aquello que constituye nuestra estofa- que depositan en aparatos, en objetos, deseos del alterar el curso de la realidad.
Electrodomésticos psíquicos, los aparatos juegan con el deseo y la tranquilidad de la  existencia de soluciones rápidas para malestares cotidianos. La tecnología, la máquina, la construcción externa que nos ahuyente los demonios internos, de esos que no podemos huir ni con nuestras más fuertes defensas.